Journal of Scientific and Technological Research Industrial
INTRODUCCIÓN
El colapso de los servicios de urgencias no es un fenómeno
aislado; se trata de una crisis global que presiona
constantemente a los sistemas de salud en todo el mundo
(Salman et al., 2021). Esta saturación trasciende fronteras
y deja claro que no es un problema de una región
específica, sino un desafío estructural que exige soluciones
disruptivas y realmente operativas (Salman et al., 2021). En
este contexto, gestionar el flujo de pacientes de manera
inteligente deja de ser una opción para convertirse en una
necesidad crítica si se quiere proteger la vida de los
usuarios y garantizar una atención resolutiva (Salman et al.,
2021).
En el caso particular de Perú, los hospitales del Ministerio
de Salud (MINSA) enfrentan una realidad muy similar a la
de otras economías en desarrollo. Las carencias son
evidentes: falta de personal especializado, herramientas
tecnológicas que han quedado obsoletas y una percepción
de atención deficiente que golpea con más fuerza a las
poblaciones de ingresos bajos y medios (Salman et al.,
2021). Este escenario pone de manifiesto la urgencia de
atacar tanto los nudos críticos locales como las fallas
sistémicas que, a fin de cuentas, terminan mermando la
calidad de la salud a nivel internacional (Salman et al.,
2021).
Por otro lado, el desborde de las salas de emergencia por la
alta demanda es, quizás, el reto más complejo que enfrenta
la sanidad moderna (Morley et al., 2018). Para intentar
poner orden al caos, la mayoría de centros han adoptado
protocolos de triaje. El objetivo es simple pero vital:
clasificar el flujo incesante de pacientes para identificar,
con precisión quirúrgica, quién no puede esperar. Si este
proceso falla o se retrasa, las consecuencias son directas y
trágicas, elevando las tasas de mortalidad y las
complicaciones en cuadros clínicos que eran tratables
(Zachariasse et al., 2019).
En los últimos años, el volumen de personas que llegan a
los centros de salud ha crecido de tal forma que las tareas
de categorización en el triaje se han vuelto sumamente
difíciles (Pedrero et al., 2021). Esto no es solo un problema
administrativo; es un riesgo real para el paciente. Además,
la práctica médica actual genera un océano de datos tan
denso y heterogéneo que procesarlo manualmente es casi
imposible. Es aquí donde el Machine Learning aparece
como un aliado estratégico, no solo para predecir brotes o
diagnósticos, sino para rescatar la gestión operativa de los
hospitales (Pedrero et al., 2021). Es importante notar que la
crítica hacia la eficiencia del MINSA es persistente, un
malestar que, según Soto (2019), se replica en gran parte
de Latinoamérica.
Antencentes
Al explorar el impacto del aprendizaje automático (ML) en
la gestión hospitalaria, Pedrero et al. (2021) plantean que
el núcleo de la cuestión es cómo la inteligencia artificial
puede optimizar los servicios médicos, especialmente en
áreas críticas. Su análisis parte de una premisa clara: las
herramientas analíticas de toda la vida se quedan cortas
ante la complejidad y el volumen de datos de la medicina
moderna. En su estudio, probaron cómo distintos modelos
de ML pueden extraer valor de datos complejos, ya sea para
describir realidades actuales o para anticiparse a escenarios
futuros.
En una línea similar, Blanco (2021) explora el uso de estos
algoritmos en la biología a gran escala. Gracias a que el
mapeo genético es cada vez más accesible
económicamente, hoy tenemos una oportunidad de oro para
entender mejor el perfil molecular del cáncer. Blanco
subraya que las arquitecturas de aprendizaje computacional
son fundamentales aquí, debido a su capacidad casi
instintiva para detectar patrones en bases de datos
biomédicas masivas. Por su parte, González (2021) nos
recuerda que la tecnología en salud no debe limitarse a la
urgencia, sino que debe ofrecer una visión integral y
constante del paciente, integrando los avances técnicos en
cada nivel de la actividad humana para superar los
obstáculos del control clínico tradicional.
A esto debemos sumar la investigación de Picone et al.
(2021), quienes ponen la lupa sobre el peligro de las
infecciones intrahospitalarias, un riesgo que se agudiza
drásticamente en las Unidades de Cuidados Críticos (UCI).
Complementariamente, según el planteamiento de
Choudhury & Ureña (2020), el estudio se fundamenta en la
premisa de que el arribo azaroso de pacientes a las áreas de
urgencias hospitalarias complica su administración
operativa. Más de la mitad de dichas unidades acostumbra
a trabajar sobrepasando su límite operativo, lo que
repercute negativamente en la excelencia de la asistencia
brindada. Con el fin de mitigar este problema, se han
desarrollado múltiples investigaciones que utilizan
proyecciones de series de tiempo en escalas temporales de
semanas, meses o años. No obstante, el presente estudio
profundiza en el uso de pronósticos por horas para
optimizar la gobernanza del área de urgencias a través de
la estimación de la afluencia de usuarios.
Conforme a la investigación de Anyaypoma-Ocón et al.
(2021), el propósito central de su trabajo consistió en
determinar las variables clínicas y los factores
epidemiológicos vinculados a la mortalidad en usuarios
internados por COVID-19 en el centro médico Simón
Bolívar de Cajamarca. Por otro lado, en el trabajo realizado
por Loyola & Chamorro (2021), la meta fue diseñar una